martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell    Queridos hermanos en el Señor:  Os deseo gracia y paz.

Con motivo de la beatificación que tendrá lugar el 13 de octubre en Tarragona, la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española redactó un mensaje en el que, entre otras cosas, se dice: “La Beatificación del Año de la fe es una ocasión de gracia, de bendición y de paz para la Iglesia y para toda la sociedad. Vemos a los mártires como modelos de fe y, por tanto, de amor y de perdón”.  Es conmovedor el testimonio que nos ofrecen los nuevos 522 mártires. Nos detenemos hoy en dos de ellos que nacieron en localidades de las actuales diócesis de Huesca y de Jaca y murieron el mismo día.

El sacerdote José Jordán y Blecua, nacido el 27 de mayo de 1906 en Azlor, actualmente Diócesis de Huesca, escribió a sus hermanos el 10 de agosto de 1936: “Mucho sé de la pena que tendréis al recibir esta última carta mía. No lloréis por mí, sino rezad. Estoy muy contento de sufrir y morir por Cristo”.

Aquel mismo día escribió a su padre con palabras casi idénticas: “Estoy muy contento de sufrir este martirio por la causa de Cristo”. Y mostraba un profundo agradecimiento a su padre: “Le doy gracias por todos los grandes beneficios que me ha dado, especialmente por haberme asistido para acabar los estudios del sacerdocio, porque no estoy nada arrepentido de serlo y de morir siéndolo”

Dos días más tarde, el 12 de agosto, le arrebataron la vida. En el Decreto de Beatificación se dice de él: “Desde el comienzo de su ministerio, el Siervo de Dios se distinguió por su ejemplar vida sacerdotal, alimentada en la oración y vivida en el espíritu de acogida hacia todos, con una particular generosidad para con los pobres y necesitados”.

Sor Melchora-Adoración Cortés Bueno, de la Compañía de las Hijas de la Caridad, nacida el 4 de enero de 1894 en Sos del Rey Católico, Diócesis de Jaca, fue fusilada el 12 de agosto de 1936. Realizó su servicio y misión educativa como maestra en varios destinos, siendo el último el Colegio de la Inmaculada de Leganés. Allí se entregó con gran generosidad a la educación de sus alumnas, muchas las cuales procedían de familias muy necesitadas. Pertenece al grupo denominado “las cinco mártires de Leganés”, que rechazaron la oferta que se les había hecho de trabajar como maestras o enfermeras renunciando a su fe y a su condición de Hijas de la Caridad.       Una antigua alumna de Leganés escribe sobre Sor Melchora-Adoración: “Era una persona buenísima con todos. Tenía gracia para darnos lo que necesitábamos sin humillarnos, lo daba como por amistad. Y lo mismo que hacía con nosotras hacía con la gente del pueblo. Nos enseñaba a coser, a rezar, y a tratar bien a las señoras. También hacíamos teatro, porque era muy alegre y animaba las fiestas… Era muy religiosa y por nada se sofocaba, porque ante las adversidades recuerdo una frase suya que nos decía: “No os preocupéis, que en el Reino de los Cielos, los últimos vamos a ser los primeros”. Estaba muy pendiente de ayudar a los pobres que llamaban a la puerta y de todos los necesitados”.

El Papa Benedicto XVI recordaba en la Carta apostólica “Porta fidei”: “Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores” (nº 13).  Cantemos con el estribillo del himno oficial de la beatificación: “Semillas de paz, mártires de Cristo, signos del amor, valientes testigos, antorchas de fe en nuestro camino”.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca