Mons. VivesMons. Joan E. Vives      La Iglesia nacida del costado de Cristo y enviada desde Pascua, tiene también una nueva manera de vivir las relaciones económicas. “Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). De entrada, la Iglesia estará siempre por la comunión y la transparencia. Hoy, con tantos escándalos por corrupción, la Iglesia también exige una economía ética, sin codicia ni avaricia financiera, y reclama un nuevo orden económico basado en valores humanistas, ya que es justo reconocer que debe ir siempre acompañado por la honradez y la transparencia. Y hay que predicar con el ejemplo. Benedicto XVI así lo expresa en el último texto de doctrina social eclesial, su encíclica “Caritas in veritate“: “La economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de cualquier ética sino de una ética amiga de la persona… Se necesita tanto la preparación económica profesional como la coherencia moral” (nn. 45 y 71).

Tener todo en común“, significa compartir y vivir de lo que la Iglesia recibe de la generosidad de sus fieles, sea directamente como donativos para poder realizar sus fines, o bien con aportaciones por servicios recibidos. Posee los bienes patrimoniales que generaciones actuales y anteriores han querido cederle para su misión, que es espiritual pero que precisa de un apoyo económico mínimo. También se nutre de las aportaciones que libremente los contribuyentes destinan en el momento de hacer la declaración de la renta, como también las tienen otras instituciones para fines sociales y para causas muy diversas. Y aún, se reciben también aportaciones por subvenciones o convenios muy bien delimitados en sus requisitos legales y absolutamente transparentes. ¡Se da, pues, una gran transparencia!

¿Qué hacemos con estos bienes y con los que se reciben de las personas que valoran lo que representa la Iglesia? Primero de todo predicar la Palabra de Dios y celebrar con dignidad el culto, tener los templos en buen estado y abiertos a todos, con el patrimonio catequético-cultural cuidado, para que la libertad religiosa sea efectiva. También es tarea muy propia de la Iglesia, ayudar a quien lo necesita (Cáritas…), cuidar de muchos colectivos con enormes carencias y ser fuente de solidaridad en tiempos de crisis. Es necesario un apoyo suficiente a los ministros y personas contratadas, aunque se pueda hacer mucho, porque cuenta con un gran número de voluntarios. Y en especial la Iglesia trata de atender muchas tareas que podríamos considerar ejercicio del apostolado, desde enseñanza y catequesis hasta la caridad hacia muchos grupos desfavorecidos, así como compartir solidariamente tantas misiones con gran cooperación con los colectivos en vías de desarrollo. No recibimos una financiación directa del Estado sino sólo por servicios prestados. Y se pagan todas las tasas legales incluídos el IVA y el IBI, excepto lo que la misma ley prevé como exención para la Iglesia como para otras instituciones. Agradezcamos este mecenazgo porque así podemos hacer mejores y más cosas para la sociedad.

La Iglesia estará siempre por la transparencia que dicte la ley y seguirá cumpliendo su misión con los medios de que disponga, haciendo mucho “por tantos que todavía necesitan tanto”, que es un lema muy nuestro. Ahora que pronto podemos hacer un gesto importante para la Iglesia como es marcar con una X nuestra declaración de la renta, os animo a hacerlo, y os pido que no abandonemos el ideal de los primeros cristianos, que siempre nos reclama comunión y “tenerlo todo en común“.

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

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