Mons. José Manuel Lorca     En la lectura del Evangelio de esta fiesta del Bautismo de Jesús se produce un importante signo, Jesús se pone en la cola de los que se van a bautizar por Juan. Pero si lo que está haciendo Juan el Bautista es un bautismo sólo con agua, una llamada a la conversión, una invitación a ponerse de cara al Señor y las turbas venían conmovidas por la predicación de Juan ¿Qué esta pasando que entre esa multitud viene Jesús? Pero si Jesús no necesita el bautismo; no necesita el perdón de los pecados, que no tiene; Jesús es la pureza misma, no necesita purificarse. 

Otra lección de Jesús, nos da ejemplo de humildad: aparece como todos, entre todos, no quiere señalarse en nada y sin tener pecado, se solidariza con nosotros y se pone ante Dios como garante por nuestros propios pecados; lleva sobre sus hombros los pecados de la humanidad. Es la primera lección de lo que va a ser su misión, porque cargará con nuestros pecados y sufrirá lo que merecen nuestros pecados y gracias a eso, nosotros podremos levantar los ojos a Dios y llamarle Padre nuestro. Gracias a la acción de Jesús. 

Jesús va a inaugurar el tiempo de la predicación, con el Bautismo que quita el pecado del mundo, con el Espíritu Santo y fuego, no solo con agua, sino con la fuerza de Dios que hace hijos y perdona sus pecados. Por esto podemos ver cumplidas las palabras de Isaías: “consolad, consolad a mi pueblo… gritadle que se ha cumplido su condena y que está perdonada su culpa… Súbete a un monte elevado, mensajero de Sión, alza la voz con brío, sin miedo y di que aquí está Dios, el Señor”. 

Dios nos ofrece la Salvación para todos los hombres, nos dirá San Pablo, así que a caminar con confianza, puestos nuestros ojos en Jesús, nuestro Salvador y vivamos con moderación, justicia y religiosidad.

+José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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