Queridos diocesanos

En el presente curso hemos incorporado la ‘nueva evangelización’ como tercer objetivo de nuestra acción pastoral. Lo hemos hecho por dos razones; por estar en unión y comunión con la Iglesia universal que se prepara para celebrar un Sínodo de los Obispos en Roma sobre este tema en Octubre del próximo año; y porque también nosotros sentimos la necesidad urgente de la nueva evangelización.

“Nueva evangelización” no significa ofrecer un “nuevo evangelio”, porque Jesucristo, Evangelio de Dios, es el mismo ayer, hoy y por los siglos (cf. Hb 13, 8, EN 7). Evangelizar es hoy y siempre anunciar a Jesucristo y su Evangelio; es decir, anunciar a las gentes de manera comprensible y creíble lo que Jesucristo nos comunicó acerca del ser último de Dios y sobre sí mismo, de su relación de amor entregado con nosotros y de todo lo que ello tiene que ver con el ser humano: su origen en Dios, el sentido y camino de la vida y el fin último al que está llamado, que no es otro que la vida eterna en Dios. Evangelizar es hacer presente en el mundo a Jesucristo y su obra salvadora para la humanidad; es hacer lo que hizo Jesucristo en su vida. Jesús anuncia e inaugura el Reino de Dios, su presencia, su gracia y su alianza de gracia y de misericordia con nosotros, la posibilidad de una vida reconciliada y enriquecida por los dones del Espíritu Santo en comunión con Él y con la Trinidad Santa.

Esta “nueva” evangelización supone una evangelización anterior, sin que incluya un juicio negativo respecto de ella. La evangelización a que se nos llama hoy es ‘nueva’ por la nueva situación cultural, especialmente en occidente, caracterizada por la exclusión de Dios, la indiferencia religiosa, la secularización de la sociedad, la mundanización de muchos bautizados. Esta nueva situación pide que el anuncio de Cristo y de su Evangelio se haga con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevo lenguaje. Lo requieren los signos de los tiempos, las necesidades de los hombres y de los pueblos de hoy, los nuevos escenarios que diseñan la cultura. Nueva evangelización significa, por lo tanto, promover una cultura más profundamente enraizada en el Evangelio y descubrir al hombre nuevo que existe en nosotros gracias al Espíritu que nos ha dado Jesucristo y el Padre.

“La Iglesia existe para evangelizar”, nos recordaba Pablo VI. Esta es su misión y su tarea, su alegría y su dicha. Uno de los obstáculos para la nueva evangelización es la ausencia de alegría y de esperanza. La dura y difícil realidad pastoral genera a menudo desaliento y cansancio. La propaganda anticristiana y el ambiente adverso al cristianismo, ampliamente propiciado por las fuerzas laicistas (paganas), perece que nos hubiera tocado el alma a muchos cristianos y a no pocos pastores, catequistas, padres cristianos y profesores de religión. Nuestra fe se tambalea, nuestra esperanza se debilita y nuestra caridad pastoral se entibia La nueva evangelización se presenta como una medicina capaz de dar nuevamente alegría ante los posibles miedos a la hora de evangelizar.

Recuperemos la dulce e importante alegría de evangelizar. Seamos ministros servidores de Cristo y del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido la alegría de Cristo y la fuerza de su Espíritu, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios en la Iglesia y en el mundo.

Con mi afecto y bendición,
+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón